El curso paso a paso para wedding planners que quieren hacer su primer shooting con estrategia, conseguir que los proveedores digan que sí y salir con imágenes que de verdad atraen al cliente con el que quieren trabajar.
Para ti si estás montando tu empresa y no tienes fotos propias, o las que tienes no reflejan el tipo de bodas que quieres hacer.
La mayoría de shootings fracasan antes de disparar la primera foto, porque empiezan por el diseño y no por la estrategia. El Método Shooting 360 empieza por la estrategia.
Eso es exactamente lo que se dicen la mayoría de wedding planners cuando empiezan a pensar en serio en hacer su primer shooting. Y lo que viene después es un bucle que más o menos suena así:
Escribes a un espacio que te encanta. Con toda la ilusión del mundo. Le dices que eres wedding planner, que estás empezando, que te gustaría colaborar en un shooting. Y no te contestan. O te contestan con un «gracias, pero no participamos en shootings» o, peor, con sus tarifas.
Escribes a la florista. Te dice que la flor tiene un coste, que quién va a pagarlo. Con otra finca, lo mismo.
Y en ese momento empieza a instalarse una idea que es difícil de sacudir: esto no es para mí. Los proveedores solo dicen que sí a las wedding planners que ya tienen nombre y llevan años en el sector. Yo estoy empezando. No tengo bodas ni fotos. Si me buscan y ven mis redes, ¿qué van a ver? Nada, ni siquiera una web. ¿Por qué me iban a decir que sí?
Y entonces aparece la trampa: para tener clientes necesito fotos. Para tener fotos necesito un shooting. Para conseguir proveedores para el shooting necesito tener nombre. Y para tener nombre necesito clientes.
Y mientras tanto, el shooting sigue en la lista de pendientes. Semana tras semana.
Para conseguir fotos propias, las wedding planners que empiezan pasan casi siempre por las mismas opciones.
Algunas buscan imágenes en Pinterest o en Google y las publican como si fueran suyas. Además de ser un problema ético, es un delito contra los derechos de autor y de imagen. Y en este sector tiene una consecuencia muy concreta: la wedding planner que organizó esa boda tiene formas de detectar quién está usando sus imágenes, y cuando lo descubre, lo denuncia públicamente. Una crisis de reputación así, antes de haber empezado, puede cerrarlo todo.
Otras recurren a bancos de imágenes. Los gratuitos tienen el problema de que todas acaban con las mismas fotos. Los de pago están más limitados de lo que parece: hay pocas imágenes de bodas realmente buenas y las épocas se mezclan. Sin una selección muy cuidada acabas con fotos de relleno que no están haciendo ningún trabajo para tu negocio.
Luego está la IA. Se nota más de lo que crees. Los tonos y esa perfección irreal en los acabados los detecta al momento cualquier persona con algo de ojo. Si tu web y tus redes están llenas de imágenes generadas, canta.
Y después está el consejo que escuchan casi todas: haz una boda gratis, así tienes fotos. El problema es que el cliente que acepta una boda gratis raramente es tu cliente ideal. La boda acaba siendo de un presupuesto muy alejado de lo que quieres manejar, y las fotos que consigues atraen exactamente a ese mismo perfil: parejas que quieren esa boda low cost que estás mostrando sin querer, y que cuando les pasas presupuesto te dicen que no porque no pueden permitirse tus servicios.
Y hay quien da el paso de hacer un shooting. Pero lo hace sin saber realmente cómo, y sin preguntarse antes qué tiene que hacer ese shooting por su negocio ni a quién tiene que atraer. El resultado son fotos que pueden quedar muy bonitas y que aun así no están trabajando para ti, porque nadie te ha explicado que lo que muestras es lo que vendes.
Llevo 16 años en este sector, primero como wedding planner y desde hace más de diez formando a las nuevas generaciones de wedding planners. Antes de especializarme en bodas trabajé como redactora jefe en una revista femenina, donde coordinaba editoriales de moda: desde la idea hasta la localización, el equipo y la dirección del shooting el día en que se grababa. Esa base es la que me permitió, ya como wedding planner, conseguir que mis shootings se publicaran en blogs de referencia internacional. En cada alumna que llega con este problema veo talento de sobra, y una estrategia que todavía hay que construir detrás.
Muchas wedding planners empiezan la casa por el tejado: buscan primero la localización o el fotógrafo y diseñan algo muy bonito. El resultado son fotos preciosas que no les sirven para atraer al cliente que quieren, porque nadie se preguntó antes para qué era ese shooting ni para quién estaba pensado.
Con el Método Shooting 360 empezamos por la estrategia.
Quieres hacer un shooting, pero sin un objetivo claro cualquier decisión que tomes después es arbitraria. Cuando terminas esta fase ya sabes exactamente para qué vas a hacer este shooting: cuál es tu objetivo principal y cuál es el secundario, ambos concretos y medibles. A partir de aquí, cada decisión tiene un criterio: si algo no sirve al objetivo, no va.
Tener un objetivo no es suficiente si no sabes cómo alcanzarlo. En esta fase diseñas el camino: a quién quieres atraer con este shooting y qué tiene que ver esa persona en tu trabajo para confiar en ti. Sales con una hoja de ruta real.
Muchas wedding planners acumulan referencias en Pinterest durante meses sin saber cómo convertirlas en algo concreto y propio. En esta fase trabajas el tema, la historia que quieres contar, los elementos, los escenarios y tu inspiration board. Cuando terminas, tu shooting ya existe sobre papel, con personalidad y con una intención detrás.
Conseguir que proveedores top quieran participar en tu shooting cuando estás empezando parece imposible. En esta fase aprendes a construir y presentar una propuesta que hace que quieran decirte que sí. Keltze no había organizado ni una sola boda cuando envió su dossier a los proveedores más importantes de su zona. Los tres dijeron que sí, y le dijeron que nunca habían recibido una propuesta así. Cuando terminas esta fase tienes a tu equipo formado y el shooting empieza a ser real.
Llega el día del shooting y muchas wedding planners no saben cuál es su papel exacto ni cómo gestionar lo que pueda surgir para que el resultado sea el que habían diseñado. En esta fase preparas el timing y aprendes a ejercer tu función como directora de arte y producción para llegar a ese día con todo bajo control. Sales con el shooting disparado y con la seguridad de haberlo dirigido tú.
Muchas wedding planners hacen el shooting y ahí se queda todo, con las fotos guardadas. En esta fase aprendes a sacarle el máximo partido a ese material: cómo prepararlo para enviarlo a blogs de bodas nacionales e internacionales, cómo elegir el blog adecuado para tu shooting, cómo promocionarlo en tus redes y en tu propio blog, y cómo seguir aprovechando ese material mucho después del día en que se disparó. Desde aquí, el shooting trabaja para tu negocio.
Tienes ideas sueltas guardadas en Pinterest y un par de proveedores que te gustan para una localización que ya tienes en mente. Cada vez que intentas organizarlo todo, la lista de cosas que no sabes cómo resolver se hace tan larga que acabas cerrando la pestaña. El shooting sigue pendiente. Semana tras semana.
El shooting deja de ser ese elefante que no sabes por dónde empezar. Tienes un plan por fases, con acciones concretas y fechadas en el calendario. Sabes exactamente qué toca cada día y por qué.
Escribes a una finca que te encanta, con toda la ilusión del mundo, y no te contestan. Escribes a la florista y a otro espacio: una te pregunta quién paga la flor, el otro te pasa sus tarifas. Y en algún momento te dices a ti misma que esto no es para ti, que los proveedores solo dicen que sí a quienes ya tienen nombre.
Presentas una propuesta que hace que quieran participar aunque no te conozcan todavía. Tienes el dossier y el email con el argumento que necesitas. Lo que antes parecía un muro se convierte en un proceso con pasos claros.
Diseñas el shooting pensando en lo que te parece bonito, en lo que has visto en Instagram o en lo que encaja con la época del año. Las fechas señaladas, las flores de temporada. El resultado es precioso. Y cuando pasan los meses te das cuenta de que no te está llegando el tipo de pareja con el que querías trabajar, porque el shooting nunca estuvo pensado para ella.
Cada foto del shooting está pensada para que tu pareja ideal pare el scroll, la guarde, se la envíe a su novio con un «mira, esto es exactamente lo que quiero». Cuando eso pasa, llegan a tu perfil, ven más fotos que les enamoran y entienden sin que tengas que explicar nada que tú eres la wedding planner que necesitan. Las solicitudes que entran ya son las correctas. Los primeros clientes que cierras ya son las bodas que querías hacer.
Llega el día del shooting y no tienes del todo claro cuál es tu papel. El fotógrafo toma las riendas, la sesión va por donde va, y cuando ves las fotos días después sientes que no son exactamente lo que tenías en mente. Hiciste el shooting, pero la sensación es que no lo dirigiste tú.
Llegas con un timing preparado y con claridad sobre tu función. El shooting es tuyo de principio a fin: lo has diseñado y producido, y el día de la sesión lo diriges tú.
Tienes las fotos del shooting y las publicas en redes y en la web. Y ahí se quedan. Pasado un mes, ese esfuerzo ya no está haciendo nada por tu negocio.
Sabes cómo elegir el blog adecuado para tu shooting y cómo preparar el material para que quieran publicarlo. Y sabes seguir sacándoles partido a esas fotos mucho después del día en que se dispararon.
Cada semana que pasa con el shooting pendiente es una semana más en la que tu perfil sigue sin mostrar lo que quieres vender. Y las parejas que buscan exactamente lo que tú ofreces pasan de largo y contratan a otra wedding planner.
Mery llegó al curso después de haber hecho todo lo que le habían dicho que tenía que hacer. Una boda gratis para tener fotos y un shooting porque había escuchado que era lo que tocaba. Rellenaba el feed con fotos de banco de imágenes y publicaba con constancia. Y las solicitudes que llegaban eran de parejas que querían exactamente la boda low cost que ella estaba mostrando sin querer, parejas con un presupuesto que no llegaba para contratar a una wedding planner. Ella no entendía por qué.
Lo primero que hicimos juntas fue preguntarnos quién era su cliente. Ella quería hacer bodas sofisticadas, con ese toque luxury. Fuimos foto por foto: ¿tú crees que la pareja con la que quieres trabajar se pararía aquí? ¿O pasaría de largo? La respuesta era casi siempre la misma. Archivamos el 90% de sus publicaciones.
Después empezó a hacer shootings, pero esta vez sabiendo para quién eran y qué tenían que conseguir. Como todavía no tenía bodas y tenía muchísimo talento creativo, en una temporada hizo 7 shootings. Los 7 se publicaron en blogs de bodas nacionales. Las solicitudes que empezaron a llegar ya se parecían al cliente que ella quería.
Una de las novias que la contrató le dijo que la había elegido porque le había encantado la boda inspirada en Bridgerton que había visto en su perfil. Mery la miró y le dijo: eso que viste fue un shooting. La novia no sabía lo que era un shooting. Vio esa foto y en su cabeza eso ya era una boda real. Y pensó: yo quiero esa boda, yo quiero que tú me la hagas.
Hoy Mery ya no necesita hacer shootings. Las bodas que organiza ahora son las que antes solo podía imaginar cuando diseñaba sus sesiones editoriales.
«Estaba como dando tumbos con todo en la cabeza y sin saber dónde dirigirme, haciendo lo que me apetecía sin ninguna estrategia. Ahora estoy viviendo un sueño. Decir que vivo de las bodas, que soy wedding planner, para mí es un sueño hecho realidad.»
Mery M.
Cuando digo que casi todas mis alumnas consiguen que un blog o revista de bodas publique su shooting, nadie me cree. Porque la mayoría piensa que es algo reservado para las más top o para quien tiene contactos y suerte. Y sin embargo lo están consiguiendo una y otra vez: shootings publicados en blogs nacionales y en medios internacionales de referencia, y reportajes en revistas de bodas online e impresas.
Pasa porque siguen la metodología paso a paso del curso. Y el curso está diseñado exactamente para eso: para que lo implementes.
Son seis módulos en vídeo, cada uno con su PDF descargable, organizados en el orden real en que ocurre el proceso. A lo largo del curso hay tutoriales paso a paso en los que me ves hacer cada cosa mientras te la explico, desde cómo buscar inspiración con estrategia hasta cómo seleccionar las fotos que vas a enviar a los blogs.
Para las partes que más se suelen postergar, las de estrategia, diseño y preproducción, el curso incluye dos workbooks con su propio vídeo explicativo para que la implementación sea lo más sencilla posible. Cuando terminas los workbooks tienes esa fase completa: el concepto definido, los proveedores seleccionados y todo listo para empezar a contactarlos.
Y para que no tengas que crear nada desde cero, el curso incluye plantillas: el inspiration board en Canva, el dossier de propuesta a colaboradores, el email para escribir a los proveedores, la plantilla de cesión de derechos de imagen para los modelos y la plantilla de timing para el día del shooting.
Como bonus, el documental «Así se hizo el shooting de Los Amantes Bailarines«, donde puedes ver el proceso completo de uno de mis shootings desde dentro, con los tips y explicaciones que solo surgen cuando estás ahí, en el momento.
Las alumnas que han pasado por este curso lo han hecho compaginándolo con su trabajo y con la construcción de su empresa. Encaja en la agenda que ya tienes; lo único que te pide es que empieces.
El método completo con sus plantillas y workbooks para que tu shooting deje de ser una idea pendiente y se convierta en una herramienta real de posicionamiento.
Para nada. El curso está diseñado precisamente para quien está en ese momento en el que sabe que necesita fotos propias pero no sabe por dónde empezar. Puedes empezar sin experiencia previa ni portfolio, con ganas de hacerlo bien desde el principio.
Depende de qué resultados estás consiguiendo con él. Si tu shooting se publicó en un blog de referencia y las parejas que te llegan son las que quieres, probablemente no lo necesitas. Si hiciste un shooting que quedó bonito pero no está trabajando para tu negocio, aquí está exactamente lo que le faltaba.
Es un curso ágil, pensado para que lo puedas compaginar con tu trabajo y con el proceso de montar tu empresa. No hay fechas ni ritmo impuesto. Tienes acceso de por vida, así que puedes avanzar a tu ritmo, aunque lo que suele pasar es que una vez que empiezas quieres terminar pronto para ponerte a hacer el shooting.
No. Es un curso autodidacta, pensado para que avances de forma autónoma. Todo está explicado con mucho detalle, con tutoriales paso a paso y plantillas que te guían en cada fase, para que en ningún momento te quedes parada sin saber qué hacer. Si lo que buscas es acompañamiento personalizado, eso lo tienes en la certificación.
No hace falta. Las plantillas están diseñadas para que puedas usarlas aunque no hayas abierto Canva en tu vida, y cada una viene con su propio tutorial para que sepas exactamente cómo adaptarla a tu marca.
Una cuenta gratuita de Canva y acceso a Google Drive. Nada más.
Sí. Accedes de forma inmediata y el acceso es de por vida, incluyendo todas las actualizaciones futuras. El curso ya se ha actualizado en dos ocasiones y cuando vuelva a actualizarse, lo tendrás sin ningún coste adicional.
El precio que ves aquí es el precio del curso. No lo vas a encontrar más barato en ningún otro sitio ni en otro momento, por coherencia con las alumnas que ya han invertido en él. Este curso lo he actualizado en dos ocasiones, y cada vez que mejora, el valor que aporta crece. Si en algún momento cambia de precio, será hacia arriba.
Si el pago único no encaja con tu momento, tienes la opción de fraccionarlo en dos cuotas mensuales para que puedas acceder sin tener que esperar.
Debido a la naturaleza digital del curso, en el momento en que completas el pago tienes acceso inmediato a todos los vídeos, PDFs, plantillas y workbooks, por lo que no hay reembolsos disponibles.
Más de 115 alumnas han pasado ya por este curso y lo que recibo de ellas son mensajes de agradecimiento por la calidad del contenido. La mayoría consiguen que sus shootings se publiquen en blogs y revistas nacionales e internacionales. Y muchas me cuentan que los proveedores a los que enviaron su dossier las felicitaron por la profesionalidad de la propuesta. Alumnas que estaban organizando su primer shooting, sin ninguna boda detrás, proyectando una imagen que hacía pensar que llevaban años en el sector.
Eres la wedding planner que abre Instagram y sube fotos que llevan tu firma: las tuyas, pensadas desde el principio para atraer exactamente al tipo de pareja con la que quieres trabajar.
Cuando una pareja llega a tu perfil, se para porque reconoce en él lo que quiere para su boda. Y te escribe.
Contactas con un fotógrafo, con una florista o con esa finca que te encanta, y lo haces con una propuesta en la mano: un dossier que demuestra que sabes lo que haces y que trabajar contigo merece la pena.
El día del shooting llegas con un timing y con las ideas claras, con la seguridad de quien sabe exactamente lo que tiene que salir de ahí. Las riendas las llevas tú, porque lo has diseñado tú.
Y cuando el shooting termina, sabes qué hacer con él. Sabes a qué blog enviarlo y cómo preparar el material para que esas fotos sigan trabajando para tu negocio mucho después del día en que se dispararon.
Esa es la wedding planner que hay al otro lado de este curso: la que ya no espera a tener bodas reales para demostrar de lo que es capaz.
My Wedding Planner Academy · Diseña y lanza tu shooting